Apetece juntar braços aos mil milhões de braços que levantam hoje 33 homens do chão. E reler aquelas três ou quatro linhas de Roberto Bolaño, em Amuleto:
Después oí un murmullo que el aire frío del atardecer en el valle levantaba hacia los faldeos y riscos, y me quedé estupefacta.
Estaban cantando.
[Anagrama, 1999]